
Hace unas semanas en el Chocó, el frente de guerra occidental del Eln secuestró al dueño de una mina artesanal. Le pidieron a la familia 1.000 millones de pesos, pero esta argumentó que no tenían tal suma, la guerrilla entonces bajó a 800 millones de pesos.

La familia siguió objetando, solo tenían 300 millones. Entonces, los subversivos se atrincheraron, “para que vean que con nosotros no es molestando, les vamos a mandar a su familiar por partes”. Y así fue, primero le enviaron el dedo índice, y nada; entonces le fueron desgranando la mano hasta que solo le quedó el pulgar. Con esa macabra estrategia terminaron por recibir buena parte de los 800 millones.
Este episodio, referido por fuentes de inteligencia de la Séptima División del Ejército, ilustra la forma de “financiamiento”, con acciones de terror, que habría encontrado el Eln para subsistir en la guerra.
Y es que con el paro armado que hace unas semanas levantaron en Arauca y Casanare, empezó a correr la sospecha de que el grupo se reorganizó y está a las puertas de un fortalecimiento.
León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris, cree que sí puede haber una reorganización pero solo en esa zonas del país, porque “ellos siempre han tenido mayor posibilidad de presión en Arauca. También fue un mensaje de la coyuntura con Venezuela, porque ninguno de los dos gobiernos tiene control en la frontera, pues hay narcotráfico, contrabando y guerrillas”.
Por otro lado, Valencia señala que la minería se ha convertido en una reiterada forma de obtener recursos.
Y es que solo en Chocó, cada frente puede recoger cerca de mil millones de pesos al mes, todo ese dinero procedente de las extorsiones a las minas artesanales, principalmente en Tadó, Lloró y Bagadó, dice inteligencia militar.
Aunque en el occidente del país se nota un fortalecimiento económico del Eln, analistas de la Séptima División consideran que el paro armado promovido por esta guerrilla guevarista está lejos de ser un resurgir. En lo que coincide Alonso Tobón, investigador del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), quien cree que esa acción, que duró toda una semana, no fue más que una muestra de que siguen presentes en zonas donde han tenido “fuerza histórica, pero no más”.
El comandante de la Policía Antioquia, coronel José Gerardo Acevedo Ossa, dice que el Eln lo que está haciendo es fortaleciéndose económicamente y hacen presencia en el bajo Cauca y el nordeste. “Hay un frente de Guerra que se llama Darío Ramírez y tiene 166 hombres”.
De este frente de guerra hacen parte: frente Tarazá, frente Compañero Tomás, frente María Eugenia Vega, frente Resistencia Guamacó, frente Héroes de Anorí, frente Capitán Mauricio y frente José Antonio Galán; “todos ellos están en límites con Santander y el sur de Bolívar, no tanto en Antioquia”.
Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia de la Universidad Sergio Arboleda, afirma que esta guerrilla ha dejado a un lado su accionar bélico para llevar a cabo un plan “de financiamiento en alianzas con grupos de narcos o bacrim”.
Por otro lado, los miembros del Comando Central (Coce), que según inteligencia militar, reciben el 90 por ciento de lo que los frentes de guerra obtienen de sus actividades ilícitas, se encuentran entre el Catatumbo y Venezuela, donde realizaron en 2006 un congreso en el que definieron su camino de fortalecimiento económico.
De ser cierto un proceso de paz, León Valencia e inteligencia, creen que sería mucho más fácil con el Eln, pues según el primero, estos no tienen más de 3.000 hombres, y el Ejército dice que no superan los 1.300. “También porque su poder de guerra está muy por debajo del de las Farc”, afirman en el Cerac. Mientras tanto, sin mucho poder, esta guerrilla quiere dar a conocer, que pese a la persecución, sigue viva y con ánimos de fortalecerse.
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